Esposas y niñas en Turquía

Odisea Global/ Ollin Rafael.

Turquía es un candidato firme desde hace años (2005) a formar parte con pleno derecho de la Unión Europea. Es un país aparentemente moderno, aparentemente democrático y en donde se respetan los derechos humanos, aparentemente.

Para Europa Turquía es la puerta de Asia, allí se asentó Constantinopla renombrada Estambul después de ser conquistada por los turcos otomanos en 1453. Y por eso Europa quiere tener buenas relaciones, por ejemplo, a través de la educación: Turquía forma parte del programa de intercambio estudiantil financiado por la UE llamado Erasmus, es decir, recibe a cientos de estudiantes cada año en sus universidades, jóvenes modernos, libres, democráticos y a su vez envía a cientos de estudiantes turcos a los distintos países que forman parte en el programa y que vuelven habiendo crecido a través de sus experiencias de vida en otros países mediante el contacto con culturas diferentes.

Por esto es sorprendente que, según cálculos del gobierno turco (que se queda corto porque sólo contabiliza los matrimonios registrados), se hayan casado 500 mil niñas en la última década, datos que dejan entrever lo lejos que se encuentra el país asiático de la plena garantía de los derechos de los niños y las niñas.

El problema principal es que en el país asiático todavía es aceptable, según las prácticas sociales y religiosas, el matrimonio entre niños y niñas a pesar de que la ley turca especifica que la edad mínima para contraer matrimonio es de 17 años. La religión y el honor basado en la concepción patriarcal de la sociedad aún son más poderosos que la ley, por ello está tan mal visto que las jóvenes esposas, aunque sean maltratadas y vivan infelices, dejen a sus maridos, incluso pueden llegar a pagar su “falta” con la propia vida. Este es el caso, por ejemplo, de Emine Yayla que, según una nota publicada en el diario El País, contrajo matrimonio a los 15 años y después de escapar de su marido a causa de los malos tratos que sufría fue asesinada a puñaladas. Un “asesinato de honor” lo llaman.

Para UNICEF el matrimonio infantil “viola los derechos humanos independientemente de si la persona involucrada es un niño o una niña, (…) se trata de la forma más generalizada de abuso sexual y explotación de las niñas. Algunas consecuencias negativas son la separación de la familia y los amigos, la falta de libertad para relacionarse con las personas de la misma edad y participar en las actividades comunitarias, y una reducción de las oportunidades de recibir una educación. El matrimonio infantil también puede acarrear trabajos forzados, esclavitud, prostitución y violencia contra las víctimas. Puesto que no pueden evitar las relaciones sexuales ni insistir en el uso del preservativo, las novias menores de edad se exponen a graves riesgos para su salud, como los embarazos prematuros, las infecciones transmitidas sexualmente y, cada vez más, al VIH/SIDA.”

El derecho a elegir y aceptar libremente el matrimonio es reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos firmada en 1948 y  en ella se advierte que el consentimiento no puede ser “libre y completo” cuando una de las partes involucradas no es lo suficientemente madura como para tomar una decisión con conocimiento de causa sobre su pareja. Además, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer establece que el compromiso matrimonial y el casamiento de un niño o niña no tendrán efectos jurídicos (“No tendrán ningún efecto jurídico los esponsales y el matrimonio de niños y se adoptarán todas las medidas necesarias, incluso de carácter legislativo, para fijar una edad mínima para la celebración del matrimonio y hacer obligatoria la inscripción del matrimonio en un registro oficial”).

Según Özlem Basdogan y Nazli Dülger, miembros de Escoba Voladora (Ucan Supurge), una organización dedicada a defender los derechos de los niños y las niñas, “No se puede hablar de una armonía entre las leyes de Turquía y los convenios internacionales firmados. Hay gente en el Gobierno que afirma no estar a gusto con esas incongruencias”, sin embargo, “el Gobierno no está dando la suficiente importancia a este asunto. Los datos que tenemos no están sólo enfocados a los matrimonios con menores, sino que son una parte del estudio más amplio. A la hora de mirar la cuestión es importante buscar el problema concreto y una de nuestras parcelas de trabajo es empujar al Gobierno a tomar estas medidas”.

Turquía no es el único país en el que los gobiernos no atienden adecuadamente este problema, según datos de UNICEF, en los países desarrollados hay 60 millones de mujeres que contrajeron matrimonio o vivían en pareja antes de cumplir los 18 años.

Las vidas de las niñas quedan totalmente marcadas por esta violación de sus derechos. Para UNICEF hay tres consecuencias principales: la primera es que abandonan la escuela con todo lo que ello significa, una pérdida significativa de libertad, de la libertad de desarrollarse adecuadamente y acceder a todas sus posibilidades; la segunda son los problemas de salud debido a la concepción temprana. Muchas de las niñas se embarazan corriendo un riesgo importante para su salud y la de sus hijos. Según UNICEF, los embarazos prematuros aumentan exponencialmente la tasa de mortalidad infantil; y la tercera consecuencia es la violencia que sufren las niñas.

Según indica un estudio que realizó en el 2008 la Universidad turca de Hecattepe (Hacettepe University Institute of Population Studies), casi el 40% de las mujeres turcas entre 17 y 49 años se casó antes de la mayoría de edad y abandonaron sus estudios. Muchas de ellas además sufren problemas psicológicos debido a la maternidad prematura. “Uno de los principales problemas es que todavía hay niñas que ven normal casarse a los 15 años porque lo hicieron sus madres y abuelas. La educación es importante, pero por ejemplo antes las niñas no iban al colegio y se casaban con la persona que decidían sus padres; ahora se casan cuando salen del colegio con la persona que deciden sus tutores. Algunas familias, por ejemplo, si ven que la niña no es buena estudiante piensan que no podrá encontrar un buen trabajo y deciden que la mejor opción es casarla”, dice Basdogan.

Si Turquía quiere acceder a la llamada modernidad debe empezar por respetar algunos de sus fundamentos tales como el respeto a los derechos de todos los niños y las niñas aunque tenga que acabar con algunas de sus concepciones morales y religiosas.

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