Los niños soldado de EI

Odisea Global/ Ollin Rafael

Todos están vestidos de negro, se forman, hacen flexiones, reciben golpes en el estómago. Un hombre que parece su instructor pasa uno a uno, ellos permanecen con los brazos alzados, primero un puñetazo de un lado, después del otro y repite unas cuantas veces, finalmente con una patada los lanza hacia atrás. Ellos se levantan del suelo, se sacuden un poco la ropa y cuando ya están listos de nuevo viene un palo que se les revienta en el vientre, ellos permanecen serios y resisten. Es un duro entrenamiento militar y si parecería brutal con adultos parece aún más terrible tratándose de niños. No pasan del metro y medio pero se comportan como fieros soldados. Como indica la leyenda del video, son niños entrenados por el Estado Islámico.

Según cálculos de UNICEF, 300 mil niños y niñas en todo el mundo participan en grupos y fuerzas armadas con diversas funciones: combatientes, cocineros, porteadores, mensajeros, espías o por motivos sexuales. La primera definición de niños soldado se hizo en los Principios de Ciudad del Cabo en 1997, cuando se estableció que un “niño soldado” era “toda persona menor de 18 años de edad que forma parte de cualquier fuerza armada regular o irregular en la capacidad que fuera, lo que comprende, entre otros, cocineros, porteadores, mensajeros o cualquiera que acompañe a dichos grupos, salvo los familiares. La definición incluye a las niñas reclutadas con fines sexuales y para matrimonios forzados. Por consiguiente, no se refiere sólo a un niño o niña que lleva o ha llevado armas, sino también a los que prestan servicios de otro tipo para los grupos armados, aunque no participen directamente en el combate”.

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La situación es muy grave, es un crimen de guerra con el que los niños y las niñas pierden totalmente sus derechos. Según el último informe de la Representante Especial del Secretario General para la Cuestión de los Niños y los Conflictos Armados que llega hasta julio del 2013, el escenario de los últimos años ha empeorado. Los conflictos armados en Siria, Malí, República Centroafricana o Sudán del Sur han supuesto un significativo empeoramiento de la situación. UNICEF remarca la importancia de que el 40{f985fdf11b6d79d408bfcbbd084de38491dd64619d507064abcb442c24c22aae} de estos casos sean niñas pues es necesario visibilizarlas. En su página, UNICEF pone el testimonio de una de ellas. China Keitesti, una niña excombatiente, narra, “Es mucho más difícil para una niña. Para empezar, pierdes tu identidad como mujer: tienes que llevar un uniforme militar, botas, debes llevar pelo corto… no se te permite usar pintalabios ni nada que recuerde que eres una chica. No se te permite ser una mujer: cambia tu forma de hablar, tu forma de moverte, incluso tu forma de estar simplemente de pie… todo. Además eres menospreciada y humillada: imagina tener 16 años y no poder recordar cuántos hombres han tocado tu cuerpo y han abusado de tí. Muchas niñas de apenas 13 años se convierten en madres sin tener el cariño de una familia ni nadie que les cuide, sin padre ni madre, sin nadie que les diga “estoy aquí para apoyarte, yo te protejo”. En el frente las chicas se ven obligadas a cometer atrocidades sólo para demostrar que no son unas cobardes, y eso nunca se olvida. Te sientes sucia y sin valor, pierdes completamente tu autoestima y crees que no mereces que nadie te quiera. Para los chicos también es terrible, pero no puedo hablar por ellos, porque yo lo viví como mujer.”

Cada guerra parece consistir en la lucha por la sobrevivencia de aquellos que participan en ella, por eso es tan difícil hacer que los grupos en conflicto cumplan normas internacionales firmadas en tiempos de paz, por eso o porque, por ejemplo el EI (Estado Islámico), simplemente no conciben de ninguna manera tener que someter su juicio a entidades supranacionales a las que no consideran de ninguna manera como fuentes de autoridad. Sin embargo hay algunas posibilidades, una de las maneras, por ejemplo, es la forma en que se hizo con el Proceso de Kimberley en el que los estados firmantes se comprometían a no comprar diamantes extraídos en zonas en conflicto. Sería interesante saber, por ejemplo, quién está comprando el petróleo extraído en los territorios controlados por EI.

Por el momento las cosas están así y urge hacer algo para cambiarlas. Los niños y niñas del video no están perdidos, hay que rescatarlos y devolverles su niñez, de ellos depende en parte el futuro del planeta.

 

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