Niños y niñas enfermos de VIH/SIDA

Odisea global/Ollin Rafael

Por ejemplo, una niña en… digamos, Uganda, la podemos llamar Agnes Nabukalu. Nabukalu tiene 15 años y ha perdido a sus dos padres debido a una terrible enfermedad que mata muy rápido sobre todo a aquellos que son más pobres, trabaja haciendo mandioca. Su cara y sus palabras reflejan una madurez poco común entre los niños de su edad. Nabukalu cuenta que tiene tres hermanos pequeños y que cuida como puede de todos ellos, también dice que tuvo que abandonar la escuela para trabajar y que ahora es lo único que hace, apenas le alcanza para comprar lo básico.

Según UNICEF, en 1995, el 42% de los huérfanos de Uganda habían perdido a sus padres a causa del SIDA, en 2003, los datos indicaban que la situación había empeorado y que ya eran el 48% de los 2 millones de huérfanos del país, es decir, 940 mil. Pero en el todo mundo hay alrededor de 15 millones de niños, niñas y adolescentes menores de 18 años que han perdido a uno o a ambos progenitores debido al VIH/SIDA. Por el otro lado esta enfermedad ha infectado también a millones de niños, UNICEF calculaba que en el 2007 había dos millones y medio de niños y niñas menores de 15 años enfermos, la mayoría en países pobres, y que ya habían muerto 290 mil.

Gran parte del problema, además de la propia enfermedad, es que los niños y las niñas se vuelven mucho más vulnerables, aumenta su pobreza, pueden perder su hogar, abandonan la escuela, sufren discriminación y la falta de oportunidades esenciales y finalmente, con mucha probabilidad, una muerte prematura.

Debido a la celebración la semana pasada del Día Mundial contra el Sida, ONUSIDA, la organización de la ONU dedicada a erradicar esta terrible enfermedad, dio a conocer que, según sus cálculos, cada día mueren 500 niños debido al SIDA, la mayoría en países africanos y asiáticos pobres, el 80%, 3.2 millones de ellos en el África subsahariana. Esto significa que cada año mueren alrededor de 250 mil niños y niñas por una enfermedad que hoy día es tratable. Se sabe que los niños que son atendidos a tiempo con retrovirales tienen muchas oportunidades de tener una vida más o menos saludable, y que si no son atendidos a tiempo el 80% de ellos morirá antes de cumplir los 5 años. Según los datos presentados por ONUSIDA, en el 2013 solo el 30% de los niños y niñas infectados estaban recibiendo tratamiento con antirretrovirales.

Agnes Nabukalu, la niña de Uganda, no sabe todo esto, no sabe que hay miles como ella, no sabe que sus padres todavía podrían estar vivos si se hubiesen tratado con antirretrovirales, no sabe que sus hermanos están infectados, pero tampoco tiene tiempo de pensarlo, apenas duerme cociendo mandioca para que todos coman.

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