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Sudán del Sur y los niños soldado

Ollin Rafael / Odisea Global.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF por sus siglas en inglés) advierte que en el conflicto de Sudán del Sur se siguen reclutando niños soldado, ya van 12 mil. En un comunicado de prensa publicado la semana pasada, UNICEF alertó que en el conflicto civil de Sudán del Sur se siguen reclutando niños para la guerra. Condenamos, dice el comunicado, “de forma enérgica el secuestro de decenas de niños, algunos de apenas 13 años, por un grupo armado cerca de Malakal, en el norte de Sudán del Sur.”

Uno de los equipos de UNICEF desplazados a la zona informó que 89 niños habían sido secuestrados mientras hacían sus exámenes en un colegio de Wau Shilluk, una comunidad en el estado del Alto Nilo, y advirtieron que el número de niños y niñas secuestrados podría ser mucho mayor. Según algunos testimonios, “los soldados armados rodearon la comunidad y registraron casa por casa. Los niños mayores de 12 años fueron llevados por la fuerza.”

En diciembre del 2013 comenzó la enésima etapa de un conflicto social y político arrastrado desde la descolonización y que se ha convertido en una guerra civil a gran escala que hasta el día de hoy no encuentra su fin.

Sudán del Sur fue parte del Sudán Anglo-egipcio bajo dominación colonial inglesa, que después de su independencia en 1956 se convirtió en la República de Sudán hasta 1985 cuando un golpe militar acabó con su endeble democracia. Sudán de Sur, con etnias de religión animista y cristiana, quedó bajo el dominio del norte de mayoría musulmana, oprimido por medio de una violencia que se convirtió en caldo de cultivo de la guerra. El problema subyacente a todo esto fueron las fronteras artificiales establecidas por el colonialismo occidental que no tuvieron en cuenta la diversidad de las regiones dado que primaba la lógica económica y política, en gran medida, miope de las potencias dominadoras.

Una vez estos territorios lograron independizarse, muchas de las fronteras coloniales se mantuvieron a sangre y fuego por los nuevos poderes que, más débiles que los antiguos, vieron surgir en sus territorios el conflicto natural de la diversidad atada por fuerzas antinaturales. Por si fuera poco, estos conflictos fueron alentados por algunos poderes de occidente que vieron en ellos la oportunidad de mantener los beneficios sin la necesidad de invertir nada en la administración del territorio. Es así que los poderes coloniales siguieron dominando el territorio a través de una fuerza menos visible pero más férrea: la del terrible colonialismo económico de nuestros días.

En 1983 inició la guerra civil entre grupos independentistas del sur y el ejército sudanés que duró hasta el año 2005 cuando se firmó un debil acuerdo de paz que garantizaba mayor autonomía al territorio del sur. En 2011 Sudán del Sur realizó un referéndum de independencia en el que ganó la mayoría secesionista y que condujo a la proclamación de independencia el 9 de julio de ese mismo año. Lamentablemente, Sudán del Sur posee gran cantidad de reservas de petróleo que hacen que el estado más joven del mundo sea un diamante deseado. El 15 de diciembre del 2013 el Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán intentó un golpe de estado que fracasó pero que provocó el inicio de la guerra civil disfrazada de un conflicto étnico entre las dos tribus principales del país, los dinkas y los nuer, pero detrás de la cual se haya, como bien dice el periodista especializado Chema Caballero, una lucha entre grandes potencias por el control de los pozos de petróleo que utilizan y manipulan las diferencias internas para conseguir sus propios objetivos.

Remontándonos un poco en la historia podemos verlo todo más claro. Según se narra en una investigación del diario El País, Estados Unidos que durante la guerra de independencia entre el Norte y el Sur, impuso sanciones al gobierno de Jartum en su apoyo a Juba, esto es, apoyando al sur contra el norte, provocó graves consecuencias económicas para el gobierno sudanés que tuvo que pedir ayuda a China, Irán y a Rusia. Para China fue una bendición pues con ello consiguió el petróleo que buscaba para alimentar su enorme crecimiento al adquirir el 78% de la producción del país y construyendo un gaseoducto para su transporte hasta el mar. Al ver esto, las empresas norteamericanas presionaron a su gobierno para que acelerara la independencia del sur que, como ya vimos, posee la mayoría de las reservas de crudo. Sin embargo, una vez lograda la independencia, el gobierno del sur no cambió los contratos con las empresas chinas. Viendo que sus amenazas no llegaban a buen puerto y que el presidente Kiir se hacía de oídos sordos Estados Unidos decidió, de manera oculta, fomentar un golpe de estado a través del vicepresidente Riek Machar. El 15 de diciembre del 2013 Machar inició la rebelión.

Según Chema Caballero, “Este tipo de maniobras, que prolonga los juegos de la guerra fría aunque alguno de los actores cambie, ponen de manifiesto que lo único que importa en Sudán del Sur es el control de uno de los campos petrolíferos más lucrativos del continente, el cual genera miles de millones de dólares para el país más joven de África, para lo cual multinacionales y gobiernos se alían, una vez más.”

Después de tantos años de conflicto, gran parte de la infraestructura del país está dañada o completamente destruida, lo que significa un grave problema para la población que se encuentra bajo durísimas condiciones de vida. El año pasado, UNICEF lanzó una Misión de Respuesta Rápida para paliar algunas de las consecuencias del conflicto, sobre todo para ayudar a las 30 mil madres y a sus hijos que carecen de los servicios básicos. En una de esas misiones, el periodista Mike Pflanz, corresponsal del The Daily Telegraph de Londres, fue para ver en primera persona lo que estaba sucediendo (esta narración se puede leer en el diario español El País). Pflanz se encontró con un país destruido y necesitado de toda la ayuda internacional posible.

La guerra se está llevando entre los pies a miles de personas (alrededor de 550 mil), entre ellos muchos niños y niñas (120 mil menores de 5 años). Por esto, la denuncia de UNICEF sobre el reclutamiento de niños soldado es tan importante. Pflanz cuenta: “Al menos uno de los que cargaban con un AK-47 era un niño, un chico que apenas tendría 14 años. Los otros eran algo mayores o quizás no. Se envían informes de manera repetida sobre niños que son reclutados para formar parte de grupos armados que combaten en el conflicto de Sudán del Sur. Desde que estoy aquí, ya me han contado dos historias de adolescentes que deberían ir a la escuela en lugar de estar ingresados en hospitales recuperándose de heridas de bala.”

Los niños y niñas del país más joven del mundo: Sudán del sur

Odisea Global/Ollin Rafael

Mike Pflanz es un periodista, corresponsal en África, que tiene su base de operaciones en Kenia, hace unos meses decidió unirse a una misión de respuesta rápida de UNICEF, activada por la terrible situación de crisis alimentaría que está sufriendo Sudán del Sur, el estado soberano más joven del mundo, que proclamó su independencia de Sudán el 1 de julio del 2011. Lamentablemente su nacimiento ha sido seguido de un conflicto armado entre las distintas comunidades tribales debido a la escasez de recursos y esto ha dejado al país en una condición desastrosa.

La parte álgida del conflicto inició en diciembre del 2013 y provocó que casi dos millones de personas tuvieran que abandonar sus hogares. Según datos de UNICEF 1.4 millones de personas se ha desplazado a zonas más seguras dentro del país pero 467,900 se han tenido que ir a países vecinos. Esta situación ha puesto en riesgo la vida de 50,000 niños y niñas menores de 5 años, además de que se calcula que 11,000 niños han sido reclutados para combatir como soldados. También, según UNICEF, 1.5 millones de personas están en situación de inseguridad alimentaria, calificada en nivel 4 en una escala en la que solo hay 5, aunque se piensa que a principios del próximo año el número de personas en esta situación será de 2.5 millones. Por si esto fuera poco, de los 850,000 niños y niñas menores de 5 años que sufren algún grado de desnutrición 250,000 necesitan ayuda urgente, el doble que hace un año.

Es debido a esta situación que UNICEF junto con el Programa Mundial de Alimentos (PMA), ha activado un plan de respuesta rápida compuesto por 29 misiones con las que hasta el momento se han alcanzado a 557,000 personas, de las cuales 118,000 son niños y niñas menores de 5 años. En las misiones se “reparte comida, se analizan casos de desnutrición, se trata a niños con desnutrición aguda, se proporcionan servicios sanitarios básicos e inmunización, así como suministros de agua potable y saneamiento, se realiza un registro de menores no acompañados para reunificarlos con sus familias, y se apoyan actividades educativas básicas”, dice un comunicado de UNICEF.

En una de esas misiones participó Mike Pflanz, que narra el extraordinario trabajo que están realizando las organizaciones internacionales en aquel territorio a través de un diario publicado estos días por el periódico El País. Viajan durante horas sobre un territorio enorme y en gran parte vacío sobre un helicóptero ucraniano que los deja en una pequeña aldea llena de lodo, sin apenas agua potable, que intenta sobrevivir a las inclemencias de la guerra y la pobreza. “Todos dormimos en tiendas y usamos letrinas y cubos de agua para ducharnos y asearnos. Toda nuestra comida y nuestra agua potable (para 19 personas durante 10 días) han llegado en helicóptero. Una compañera ya se ha llevado una sorpresa cuando una serpiente verde y negra de un metro ha pasado deslizándose por su lado. Nos explican que los escorpiones son endémicos. La mayoría de la aldea está cubierta por unos dos palmos de barro y nosotros llevamos puestas botas de goma”, cuenta el periodista.

Kiech Kuon, es el nombre de la aldea a la que ha llegado el equipo de UNICEF, son 50 cabañas pero cuenta con un centro de salud que atiende a 50,000 personas de los alrededores, lo malo del centro de salud es que hace 10 meses que está cerrado por falta de dinero, lo cual significa obviamente que esas 50,000 personas no tienen ni un solo médico. Y por eso es tan importante la tarea que lleva acabo UNICEF, aunque esta sea breve, solo 10 días, y con pocos recursos. Los médicos que acompañan la misión apenas pueden hacer diagnósticos genéricos pues no tienen equipo de laboratorio para realizar sus análisis, por eso, en casi todas las ocasiones, recetan algún antibiótico de amplio espectro y monodosis de pasta de cacahuate de alto valor energético. Eso es todo lo que pueden hacer. “No son sólo los niños los que carecen de un centro de salud adecuado”, cuenta Pflanz, “también he conocido a Nyaruach Del, que me contó que el día antes de llegar nosotros a Kiech Kuon, tuvo un aborto cuando llevaba siete meses de embarazo. Parecía muy entera teniendo en cuenta que esto había ocurrido hacía solo cuatro días. Dice que sus otros tres hijos nacieron en el centro de salud, con ayuda profesional. «Si la clínica hubiera estado abierta el bebé podría haber sobrevivido», dice muy poco enfadada en comparación con la rabia que yo hubiera sentido de haber ocurrido esto a algún conocido mío. «No había nadie que me pudiera ayudar, ¿qué más podía hacer?», pregunta Nyaruach discretamente. Otra vez la misma pregunta. Es otro momento muy duro”.

En estos días aciagos es esperanzador ver que todavía hay personas que trabajan por los demás.